Cinco municipios para descubrir entre huertas, montañas y naturaleza

La provincia de Valencia tiene la capacidad de sorprender a cada paso. En apenas unos kilómetros es posible pasar de paisajes de huerta a montañas cubiertas de pinos, recorrer senderos junto a un río o pasear por calles que conservan siglos de historia. En esta ocasión, nuestro recorrido nos lleva hasta Vilamarxant, Alboraya, Alborache, Meliana y Llíria, cuatro municipios que muestran la diversidad y la riqueza de un territorio lleno de atractivos.

Vilamarxant: donde el Turia marca el camino

Vilamarxant mantiene una relación muy especial con el río Turia, auténtico protagonista de buena parte de su paisaje. El municipio es una de las puertas de entrada al Parque Natural del Turia, un espacio protegido que ofrece kilómetros de senderos, áreas de descanso y parajes ideales para disfrutar de la naturaleza.

Uno de los lugares más emblemáticos es el paraje de Les Rodanes, una zona de bosque mediterráneo donde predominan los pinares y las formaciones rocosas de tonos rojizos que crean un paisaje singular. Desde algunos de sus puntos más elevados se obtienen magníficas panorámicas del entorno, convirtiéndolo en uno de los espacios naturales más apreciados de la comarca.

El casco urbano conserva además edificios históricos y rincones que recuerdan la importancia que tuvo esta localidad en las comunicaciones entre Valencia y el interior durante siglos. Caso paradigmático es la Iglesia Parroquial de Santa Catalina, de estilo neoclásico. Muy admirado también es la antigua fortaleza que aún se puede contemplar, conocida como el Castillo. Con origen en el siglo XI, aún se puede admirar su torre de origen árabe. Como curiosidad, también se conserva, aunque en desuso, un puente ferroviario del siglo XIX, vestigio de un pasado cercano.

Alboraya: mucho más que horchata

Hablar de Alboraya es hablar de huerta. Situada a las puertas de la ciudad de Valencia, esta localidad conserva uno de los paisajes agrícolas más característicos del Mediterráneo. Las acequias, los campos cultivados y las tradicionales alquerías forman parte de un entorno que ha modelado la vida de generaciones enteras.

Uno der sus primeros valores el el hecho de haber conservado estas huertas que son también una ruta de gran valor. Hoy se puede pasear entre alquerías, acequias, motores y molinos y antiguas casas de labor, y de divisar alguna barraca, destinado la Vía Verde Xurra para hacerlo.

Aunque su fama internacional está estrechamente ligada a la horchata elaborada con chufa, Alboraya ofrece mucho más al visitante. El municipio cuenta con kilómetros de litoral donde destacan espacios como la Patacona o Port Saplaya, conocida popularmente como la «pequeña Venecia valenciana» por sus canales y sus viviendas de colores frente al mar, realmente evocadores. Junto a ella, el Barranc del Carraixet y la ermita dels Peixets sorprenden al visitante.

En su casco urbano puedes visitar la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, del siglo XVIIILa combinación de huerta histórica, patrimonio tradicional y costa convierte a Alboraya en uno de los destinos más singulares del área metropolitana valenciana.

Alborache: un tesoro natural junto al agua

En plena Hoya de Buñol se encuentra Alborache, una localidad que ha sabido conservar intacto gran parte de su encanto natural. El agua es aquí uno de los elementos más característicos del paisaje, pero el casco urbano ha logrado preservar un encanto y edificios de gran valor.

Puedes seguir una ruta propuesta por el propio Ayuntamiento y que esta marcada para descubrir sus valores como la plaza de los Zorros, con su fuente en alusión al sobrenombre de los habitantes, la Iglesia de Santiago Apóstol, la fuente de la Agricultura, parque y fuente de San Jaime, o la plaza de España y la Fuente de los leones.

Pero si prefieres un entorno natural, la Ruta de los Molinos es imprescindible. El agua del Río Buñol es protagonista de estos senderos donde descubrirás molinos que han sido utilizados históricamente para moler cereales, chocolate o para fabricar papel.

Además de su patrimonio natural, Alborache conserva la tranquilidad y el ritmo pausado de los pueblos que han crecido en estrecha relación con su entorno.

Meliana: tradición de huerta y esencia valenciana

Meliana es uno de los mejores ejemplos de la histórica relación entre los valencianos y la huerta. Situada en l’Horta Nord, mantiene vivo un paisaje agrícola que forma parte de la identidad cultural de toda la provincia.

Pasear por sus alrededores permite descubrir una red de caminos rurales, acequias y campos cultivados que siguen funcionando como lo han hecho durante siglos. Al mismo tiempo, el municipio conserva un interesante patrimonio arquitectónico vinculado a la actividad agrícola y al desarrollo industrial que experimentó durante los siglos XIX y XX.

No te pierdas la increíble fachada cerámica de la antigua Fàbrica d’en Bernardo Vidal o La Azulejería Valenciana.

Otro tesoro en los alrededores de Meliana es el fantástico Palauet o Palacio de Nolla, una joya de la arquitectura del siglo XVIII, cuya visita puedes reservar. Este palacio o palacete forma parte de la historia de nuestra industria, especialmente del material conocido como “mosaico Nolla”, formado por pequeñas piezas cerámicas de colores con una increíble relevancia en nuestra historia y patrimonio industrial. 

Uno de los pequeños secretos de Meliana es su playa. Una playa natural situada a pocos kilómetros del casco urbano donde recolectar con uno mismo.

Llíria: la ciudad de la música con más de 2.000 años de historia

Pocas localidades valencianas reúnen tanta historia, patrimonio y personalidad como Llíria. Conocida internacionalmente como la ‘Ciutat de la Música’, esta capital del Camp de Túria atesora un legado que se remonta a la antigua Edeta ibérica y que ha dejado huella en cada etapa de su evolución.

Pasear por Llíria es recorrer siglos de historia. El municipio conserva importantes vestigios arqueológicos de época ibera, romana y medieval, con su mausoleo romano o sus baños árabes, además de monumentos tan emblemáticos como el Real Monasterio de San Miguel, situado en lo alto de una colina desde la que se obtienen magníficas vistas de la comarca. Desde allí podemos descubrir también una ciudad ibérica declarada Bien de Interés Cultural. El yacimiento de Edeta es uno de los enclaves más mágicos e históricos que encontraremos en toda la provincia.

También destacan los Baños Árabes, la iglesia de la Sangre, considerada una de las joyas del románico valenciano, y los numerosos espacios museísticos que ayudan a comprender la riqueza histórica de la ciudad. La muralla medieval, Ca la Vila Vella, el Forn de la Vila o el Molí de la Parra son, además, otros de los monumentos que no puedes dejar de visitar si te escapas a este destino. 

Pero si hay algo que distingue a Llíria es su profunda tradición musical. Reconocida por la UNESCO, sus históricas bandas y sociedades musicales han convertido la música en una auténtica seña de identidad local, reconocida mucho más allá de las fronteras valencianas.

A todo ello se suma un entorno natural privilegiado, con parajes como el de San Vicente y rutas que conectan el municipio con las primeras estribaciones de la Sierra Calderona. Una combinación de cultura, patrimonio y naturaleza que convierte a Llíria en uno de los destinos más atractivos del interior de la provincia.

Cinco municipios, paisajes diferentes y una misma invitación: detenerse unos minutos para descubrir todo lo que esconden más allá de la línea de salida y de meta. Porque cada cita de RunCáncer es también una oportunidad para conocer mejor algunos de los rincones más interesantes de nuestra provincia.


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