La provincia de Valencia es un mosaico de paisajes que cambia en apenas unos kilómetros: de la huerta al interior montañoso, del patrimonio histórico a los parajes naturales más inesperados. En este recorrido por Benaguasil, Enguera, Agullent, Ròtova y Estivella, el viaje no va de prisas, sino de detenerse a mirar.

Benaguasil: agua, huerta y memoria histórica

Benaguasil es un pueblo profundamente ligado al agua y a la huerta del Camp de Túria. Su casco urbano conserva el trazado tradicional y destaca la Iglesia de la Asunción, uno de los edificios más representativos, con elementos barrocos y neoclásicos.

Pasear por sus calles permite descubrir joyas del arte y la cultura como la Casa Museo de Cerámica Pepe Escamilla o rincones vinculados a la agricultura histórica y a la red de acequias que aún estructura el territorio.

Muy cerca, el entorno del Parque Fluvial del Turia abre la puerta a rutas tranquilas entre vegetación mediterránea, perfectas para caminar o pedalear. El paraje de la Fenosa y las zonas de cultivo muestran la esencia agrícola del municipio y lugares como la Ermita y Santuario de Montiel merecen una evocadora visita.

Enguera: montaña, castillo y naturaleza en estado puro

Enguera es uno de los grandes destinos de interior de la Canal de Navarrés. Su casco urbano conserva calles con sabor histórico y la Iglesia de San Miguel Arcángel, mientras que en lo alto domina el entorno el castillo de origen islámico, testigo de su pasado defensivo.

El gran tesoro de Enguera está en su entorno natural. La Sierra de Enguera y parajes como el Parque Natural de la Umbría-La Plana ofrecen rutas entre pinares, barrancos y miradores. Es un territorio muy valorado para senderismo y cicloturismo.

También merece visita el Museo Arqueológico Municipal, con piezas que ayudan a entender la larga ocupación humana de la zona.

En la mesa, si tenéis un rato para degustar sus delicias, destacan platos de montaña como el gazpacho enguerino o los embutidos tradicionales.

Agullent: fuentes, ermitas y paisaje de sierra

Agullent es un pequeño municipio con un gran valor natural. Su emblema es la Font Jordana, un área recreativa muy cuidada que combina agua, sombra y zonas de descanso, muy apreciada tanto por vecinos como visitantes.

El casco urbano conserva la Iglesia de San Bartolomé y un conjunto de calles tranquilas que conducen hacia la sierra. Desde aquí parten rutas hacia ermitas como la del Crist de la Salut o antiguos elementos como neveros y molinos hidráulicos.

La Serra d’Agullent es perfecta para senderismo suave, con vistas abiertas a la Vall d’Albaida. Además, sus fiestas de Moros y Cristianos son de las más arraigadas de la comarca.

Ròtova: monasterios, ríos y huerta de la Safor

Ròtova combina patrimonio monumental y paisaje agrícola. En el término de Ròtova podemos encontrar el acueducto, de unos 5 kilómetros y del siglo XV. De factura gótico mudéjar, llevaba agua al Convento desde la Font de Batlamala.

El municipio está rodeado de huerta y atravesado por el entorno del río Vernissa, lo que permite rutas tranquilas entre cultivos y pequeños núcleos rurales. En el casco urbano destacan la Iglesia de San Bartolomé y antiguos edificios vinculados a la vida agrícola. El edificio que más llama la atención es el Casa de los Condes de Rótova, construido en el siglo XVII, del que aún se conservan detalles arquitectónicos como las almenas o la espectacular escalinata.

Declarado municipio turístico por la Generalitat Valenciana gracias al porrat de Sant Macià, es un destino perfecto para quienes buscan patrimonio sin masificaciones y contacto directo con el paisaje tradicional valenciano.

Estivella: puerta de la Serra Calderona

Estivella se sitúa en un enclave privilegiado, a los pies de la Serra Calderona, uno de los grandes pulmones verdes de la provincia. Su casco urbano conserva la Iglesia de San Juan Bautista y restos de arquitectura tradicional vinculada al cultivo de secano.

Su patrimonio es muy amplio. En su núcleo más antiguo puedes visitar lugares tan bonitos como el acueducto dels Arcs o la iglesia barroca de los Santos Juanes y su campanario.

El gran atractivo está en el entorno natural: rutas hacia miradores, senderos entre pinares y acceso a espacios protegidos de gran valor ecológico. Muy cerca se encuentran áreas como la Font de Barraix, realmente recomendable. Es uno de esos sitios que te hipnotiza cuando llegas, o caminos históricos que conectan con otros municipios de la sierra.

Es un destino muy apreciado para escapadas de naturaleza, especialmente en primavera y otoño.


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