Cuatro destinos entre naranjos, patrimonio y Mediterráneo

La provincia de Valencia tiene muchas formas de sorprender. En este recorrido viajamos por la Ribera Alta y llegamos hasta la Safor para descubrir cuatro municipios con paisajes y personalidades muy diferentes. Carcaixent, Benimodo, Rafelguaraf y Gandia comparten raíces mediterráneas, pero cada uno guarda sus propios tesoros: desde antiguos edificios y huertos monumentales hasta espacios naturales y un patrimonio que merece la pena conocer.

Carcaixent: la tierra donde la naranja se convirtió en historia

Carcaixent es conocida como la Cuna de la Naranja, y basta recorrer sus alrededores para comprender por qué. Los campos de cítricos forman uno de los paisajes más característicos de la Ribera, pero la importancia que alcanzó el cultivo de la naranja a finales del siglo XIX y principios del XX dejó también una interesante huella arquitectónica.

En el centro de la localidad encontramos algunos edificios recomendables como el mercado municipal, el Palau de la Marquesa, la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción y el Magatzem de Ribera, un antiguo almacén de cítricos construido en 1903 que permite imaginar el esplendor económico que vivió Carcaixent durante aquella época. El modernismo impregna buena parte de los edificios de Carcaixent y también está muy presente en los conocidos huertos monumentales, algunos de ellos visitables.

Fuera del casco urbano merece la pena acercarse a la Ermita de Sant Roc de Ternils, un edificio del siglo XIII considerado el más antiguo conservado en el municipio, o al Monasterio de Aguas Vivas, situado en un entorno de gran belleza. Y para conocer mejor la historia que ha dado forma al paisaje, la Ruta de la Naranja propone adentrarse en ese universo de huertos, acequias y tradiciones agrícolas.

Benimodo: entre huerta, historia y naturaleza

En plena Ribera Alta, Benimodo conserva el carácter tranquilo de los municipios agrícolas valencianos. Su casco histórico invita a pasear por calles estrechas que desembocan en espacios como la Plaza Mayor y la Plaza Marchí, donde todavía se conserva un antiguo edificio conocido como La Imprenta.

El principal referente patrimonial de la localidad es la iglesia parroquial de la Inmaculada Concepción, construida en 1574. En su interior guarda, además, un interesante óleo del Rector Soria, artista nacido en Benimodo y discípulo de Joaquín Sorolla.

Pero el municipio también ofrece una interesante vertiente natural. Los Ullals del Riu Verd forman una zona húmeda de gran valor ecológico, mientras que el Paraje Natural del Barranc i Coves del Truig permite adentrarse en un paisaje más montañoso donde, además, se han localizado restos arqueológicos de la Edad del Bronce.

Benimodo es de esos lugares que muestran cómo la Ribera puede pasar en muy pocos kilómetros de los campos de cultivo a espacios naturales de gran interés, manteniendo siempre esa estrecha relación con el territorio.

Rafelguaraf: pequeños pueblos con grandes historias

Entre el río Albaida y la Sierra de Agulles, Rafelguaraf reúne varios núcleos de población que aportan una personalidad muy particular al municipio. El propio casco urbano conserva un trazado de calles tranquilas y casas tradicionales, con la Iglesia Parroquial del Nacimiento del Señor como principal referencia monumental.

La visita puede continuar hasta Tossalnou, donde encontramos la Iglesia Parroquial de San José, o acercarnos al pequeño caserío de Riu-Rau, otro de los núcleos que forman parte de la identidad de Rafelguaraf.

Pero probablemente el lugar más sorprendente sea Berfull, un antiguo poblado morisco hoy prácticamente deshabitado. Su recinto amurallado, levantado entre los siglos XVI y XVII, conserva un arco de entrada de medio punto coronado por almenas, además de la ermita y la antigua casa señorial, todavía reconocible por el escudo nobiliario de su fachada. Un rincón con una atmósfera muy especial, donde el paisaje de naranjos sirve de telón de fondo a un auténtico viaje al pasado.

Para completar la visita, el paraje de Les Delícies ofrece un espacio acondicionado para disfrutar del entorno y punto de partida para diferentes rutas a pie o en bicicleta.

Gandia: historia de los Borja, Mediterráneo y naturaleza

Gandia es uno de esos destinos que prácticamente obligan a quedarse un poco más. La capital de la Safor combina una extraordinaria historia, un patrimonio monumental de primer nivel, playas mediterráneas y espacios naturales que permiten cambiar completamente de escenario en apenas unos minutos.

El gran protagonista del centro histórico es el Palau Ducal dels Borja, uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad. Recorrer sus patios, salones y galerías permite acercarse a la historia de una de las familias más poderosas de la Europa de su tiempo. Muy cerca encontramos la Colegiata de Santa María, también conocida como la Seu de Gandia, un magnífico templo gótico que conserva importantes elementos artísticos de diferentes épocas.

El paseo por el centro histórico puede continuar junto a las antiguas Murallas de Gandia, de las que todavía se conservan diferentes restos, y llegar hasta las Escuelas Pías-Antigua Universidad, otro de los edificios vinculados a la historia cultural de la ciudad. También merece la pena visitar el Museu Arqueològic de Gandia (MAGa), especialmente interesante por sus colecciones relacionadas con la prehistoria de la comarca, o el Museu de Santa Clara.

Pero Gandia también mira al mar. La Playa Nord, con sus tres kilómetros de arena fina, es su gran playa urbana, mientras que la Playa de l’Auir ofrece un paisaje mucho más natural, con un importante cordón dunar. En la zona marítima, el Grau de Gandia conserva su carácter de barrio marinero alrededor del puerto pesquero y deportivo y de la iglesia de San Nicolás de Bari.

Y todavía queda espacio para descubrir la naturaleza. El Castillo de Bairén, situado sobre una elevación próxima a la ciudad, ofrece magníficas panorámicas y recuerda la importancia estratégica de este territorio. En la zona de Marxuquera encontramos El Morabito, una curiosa construcción circular, mientras que el Paraje Natural Municipal Parpalló-Borrell permite adentrarse en un paisaje mediterráneo de gran valor. Allí se encuentra también la Cova del Parpalló, uno de los enclaves arqueológicos prehistóricos más importantes de la Comunitat Valenciana.

Gandia reúne así muchas ciudades en una sola: la de los Borja, la medieval, la marinera, la cultural y la natural. Una localidad que permite pasar de un palacio histórico a una playa, de un museo a un sendero de montaña y terminar el día contemplando el Mediterráneo.

Cuatro municipios, cuatro formas de descubrir el territorio valenciano. Carcaixent nos habla de la historia de la naranja; Benimodo conserva la esencia de la Ribera agrícola; Rafelguaraf sorprende con pequeños núcleos cargados de historia; y Gandia reúne patrimonio, naturaleza y Mediterráneo en uno de los destinos más completos de la provincia. Un recorrido perfecto para seguir descubriendo que, cerca y lejos de las grandes rutas, siempre hay algo nuevo que merece la pena conocer.


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