Seis municipios, seis formas de descubrir Valencia
La provincia de Valencia cambia de paisaje constantemente. En este recorrido pasamos de la huerta y el Mediterráneo a los bosques del Turia, de las playas de la Safor a los pequeños pueblos de la Ribera y la Costera. Massalfassar, Riba-roja de Túria, Oliva, Sellent, el Genovés y Manuel son seis municipios con personalidad propia y con suficientes razones para hacer una parada y conocerlos un poco mejor.

Massalfassar: entre la huerta y el Mediterráneo
En plena Horta Nord, Massalfassar conserva ese paisaje agrícola que durante siglos ha definido el entorno de València. Sus campos y caminos de huerta conducen hasta un pequeño núcleo urbano cuyo principal referente patrimonial es la iglesia parroquial de Sant Llorenç Màrtir, de estilo churrigueresco, uno de los edificios más destacados de la localidad.
También son singulares y hablan de un pasado que aún se recuerda el antiguo lavadero y fuente, algo alejados del entramado urbano, y un antiguo secadero de cebollas en el camino de la estación.
Y aunque la huerta marca buena parte de su identidad, Massalfassar también tiene su particular ventana al Mediterráneo. La playa de Massalfassar, de carácter rústico y con un grado de ocupación relativamente bajo, ofrece un paisaje litoral diferente al de las grandes zonas turísticas. Es precisamente esa combinación de huerta, pueblo y mar la que hace interesante acercarse hasta este pequeño municipio de l’Horta Nord.

Riba-roja de Túria: historia a orillas del río
El río Turia es el gran hilo conductor de Riba-roja de Túria. Buena parte de su término forma parte del Parque Natural del Turia, un espacio donde los bosques de ribera, los senderos y los antiguos paisajes agrícolas permiten descubrir una de las grandes zonas naturales del área metropolitana. Son zonas ideales para hacer una buena caminata o pasear en bici.
Pero Riba-roja también es un destino para amantes de la historia. El yacimiento visigodo de Pla de Nadal constituye uno de sus grandes tesoros: una excepcional villa áulica del siglo VII, considerada una de las muestras más destacadas de arquitectura civil visigoda de Europa. Y si os quedáis con ganas de historia, hay varios yacimientos más, como la Fonteta Raquia, de época ibérica, el cementerio morisco de la Magbara, el castro visigodo de València la Vella o la villa romana del Pou de Sargeta.
En el casco histórico merece la pena acercarse al Pont Vell, construido a mediados del siglo XVI, y a la Casa del Molinero, vinculada a un antiguo molino de arroz documentado ya en el siglo XV. Son lugares que ayudan a entender cómo el Turia ha condicionado durante siglos la vida, la economía y el paisaje de la localidad.

Oliva: Mediterráneo, dunas y patrimonio
Oliva tiene uno de esos paisajes capaces de reunir en pocos kilómetros mar, humedales, montaña y patrimonio histórico. Sus 8,5 kilómetros de playas incluyen enclaves como Terranova, Pau-Pi, Aigua Blanca, Rabdells, Aigua Morta y Les Deveses, muchos de ellos acompañados por un valioso sistema de dunas que constituye uno de los grandes atractivos naturales de su litoral.
A pocos kilómetros de la costa aparece otro paisaje completamente diferente: el Parque Natural de la Marjal de Pego-Oliva, un humedal de gran riqueza ambiental. En este entorno se encuentra la Font Salada, un manantial de aguas termales que mantiene una temperatura agradable durante todo el año.
Y todavía queda descubrir la Oliva histórica. Su patrimonio incluye la Torre-Museo del Palacio Condal de Oliva, la Torre de Comare, el Museo Arqueológico de Oliva, el Museo Etnológico y la Casa dels Mayans, además de un casco antiguo que conserva la huella de su pasado medieval donde destaca su templo, Santa María la Mayor, de enormes dimensiones, con una espaciosa cripta y bien merecedor de una visita.

Sellent: un pequeño pueblo con mucha personalidad
En el valle del río Sellent, dentro del Macizo del Caroig, encontramos una localidad pequeña y tranquila que guarda algunos rincones especialmente interesantes. Su casco antiguo conserva una distribución de calles de origen árabe, una huella que todavía se percibe al recorrer el municipio.
Entre sus principales atractivos destacan los restos del castillo musulmán, testimonio de ese pasado, y la Iglesia Parroquial de la Purísima Concepción, del siglo XVI.
También es muy atractivo el paraje de La Font del Pinar, situado en la montaña del Tossal. Su manantial ha abastecido de agua a los vecinos de Sellent durante más de un siglo y hoy constituye uno de esos lugares donde resulta fácil detenerse y disfrutar del entorno. De hecho, no te deberías perder el mirador construido sobre el río Sellent, donde podrás inmortalizar la paz y tranquilidad que embarga este municipio.
Sellent es, precisamente, uno de esos destinos que no necesitan grandes monumentos para resultar atractivos. Su paisaje, su pequeño casco histórico y la tranquilidad que se respira en sus calles permiten descubrir una Ribera diferente, alejada de las rutas más conocidas.

El Genovés: el pueblo de la pilota
El Genovés tiene una seña de identidad difícil de encontrar en cualquier otro lugar: la pilota valenciana. La localidad está estrechamente vinculada a este deporte tradicional y fue cuna de figuras legendarias como Paco Cabanes, el Genovés, una relación que se hace visible en distintos puntos del municipio.
El mejor lugar para conocer esta tradición es el Museu de la Pilota, un espacio que explica la historia, las modalidades y los elementos utilizados en este deporte y que cuenta, además, con trinquet y galotxera. En las calles también encontramos esculturas dedicadas a la pilota, entre ellas El Saque, obra de Ignacio Pinazo Camarlench.
En el núcleo del pueblo no debería faltar una visita a Iglesia Parroquial de la Mare de Déu dels Dolors, del s. XVII y al lavadero de principios del s. XX.
Fuera del casco urbano, el paisaje gana protagonismo. En la pedanía de Alboi aparecen lugares como Les Arcaetes, la Font d’Alboi y la Penya de l’Aventador, desde donde se contempla el estrecho cauce del río Albaida. Senderos como el PRV-193 permiten adentrarse en este entorno de la Serra Grossa y descubrir rincones como el Barranc del Portitxol o la Penya Blanca.

Manuel: naturaleza en Les Salines
A orillas del río Albaida, Manuel conserva el carácter agrícola propio de la Ribera Alta. Los campos de cultivo rodean una localidad tranquila desde la que resulta sencillo acercarse a algunos de los paisajes naturales más interesantes de su entorno.
Su gran tesoro natural es el Paraje Natural Municipal de Les Salines, un espacio de suaves colinas que reúne valores naturales, paisajísticos y culturales. El lugar permite descubrir una faceta diferente del paisaje de la Ribera, lejos de la imagen exclusivamente agrícola que suele asociarse a la comarca.
El río Albaida completa un entorno especialmente agradable para quienes disfrutan de los paisajes de interior. Manuel demuestra así que los pequeños municipios también pueden esconder espacios de gran valor, y que basta con desviarse un poco de las rutas habituales para encontrarlos.
En el casco urbano de Manuel puedes visitar la Iglesia Parroquial de Santa Ana, un templo del siglo XVII, y pasear para encontrar un curioso retablo cerámico en la calle Juan Moreno. Se trata de una creación del año 1800, aproximadamente.
Seis municipios y seis paisajes diferentes: la huerta y el Mediterráneo en Massalfassar, el Turia y la historia visigoda en Riba-roja, las playas y humedales de Oliva, la tranquilidad de Sellent, la tradición de la pilota en el Genovés y la naturaleza de Les Salines en Manuel. Un recorrido que confirma que la provincia de Valencia se descubre mejor cuando uno se detiene a mirar todo lo que hay alrededor.
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