De la Ribera a la capital, dos destinos para descubrir

Hay lugares que parecen condensar en pocos kilómetros buena parte de la esencia de un territorio. Alginet y València representan dos formas muy diferentes de acercarse a la provincia: el primero, desde la tranquilidad de la Ribera Alta y un paisaje todavía marcado por la huerta; la segunda, desde una ciudad mediterránea que suma más de dos mil años de historia y que ha sabido combinar patrimonio, cultura, naturaleza y modernidad.

Alginet: historia entre naranjos y huerta

En la zona de transición entre la Ribera Alta y la Huerta de València, Alginet conserva ese paisaje agrícola que tanto caracteriza a las comarcas valencianas. Los campos de cítricos rodean una localidad en la que todavía es posible encontrar ejemplos de la arquitectura vinculada a la vida tradicional de los agricultores.

En el centro del municipio se encuentra uno de sus principales elementos patrimoniales: el Castillo de los Cabanyelles, construido en el siglo XVI. La fortaleza perdió posteriormente los dos torreones que la flanqueaban para permitir la instalación del Ayuntamiento, pero su presencia continúa siendo uno de los rasgos más reconocibles de Alginet.

También merece la pena acercarse a la iglesia parroquial, construida entre 1654 y 1699 sobre un templo anterior que se remontaba al siglo XIV. El campanario y la capilla de la Comunión, añadidos en el siglo XVIII, completan uno de los edificios religiosos más destacados de la localidad. En las afueras, la ermita de San José, del siglo XIX, conserva además un retablo de especial valor.

El recorrido puede continuar hasta las Torres de Luengo y del Borrero, antiguas construcciones defensivas que hoy aparecen integradas en el paisaje agrícola y rodeadas de naranjos. Y para quienes quieran descubrir una faceta diferente de la localidad, Alginet cuenta también con el Museo Valenciano de Historia Natural, que reúne una interesante colección de insectos, moluscos, fósiles y muestras geológicas.

Alginet es, en definitiva, una buena muestra de esa Valencia que merece ser descubierta con calma: un municipio donde patrimonio, huerta e historia siguen compartiendo escenario.

València: una ciudad para recorrerla una y otra vez

Hablar de València es hablar de una ciudad que ha sabido cambiar sin perder su esencia. Más de dos mil años de historia han dejado una extraordinaria huella en sus calles, desde su origen romano hasta la ciudad contemporánea, pasando por las etapas islámica, medieval y moderna. El resultado es un destino en el que prácticamente cada paseo puede convertirse en un pequeño viaje por la historia.

Para empezar a descubrirla, pocas zonas resultan tan imprescindibles como su Ciutat Vella. El Barrio del Carmen es probablemente uno de los mejores lugares para perderse sin un rumbo demasiado marcado: calles estrechas, plazas, antiguos palacios y edificios que recuerdan la evolución de la ciudad a lo largo de los siglos.

Entre sus grandes monumentos encontramos la Catedral de València, cuyo origen se remonta al siglo XIII y que reúne elementos arquitectónicos de diferentes épocas. Junto a ella se levanta el Miguelete, el famoso campanario desde cuya parte superior se disfruta de una de las panorámicas más características del centro histórico.

A pocos pasos aparecen dos de las antiguas puertas de la ciudad: las Torres de Serranos y las Torres de Quart, grandes vestigios de las antiguas murallas medievales. Y si continuamos el paseo llegaremos a la Lonja de la Seda, auténtica joya del gótico civil valenciano y Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Su Salón Columnario es uno de esos espacios que consiguen impresionar incluso a quienes ya conocen la ciudad.

Muy cerca, el Mercado Central ofrece otra de las imágenes imprescindibles de València. El espectacular edificio modernista, con sus estructuras de hierro, cerámica y grandes vidrieras, comparte protagonismo con el Mercado de Colón, otra de las grandes muestras de la arquitectura modernista valenciana. La Estación del Norte, con su extraordinaria decoración cerámica y sus motivos inspirados en la agricultura valenciana, completa este recorrido por el patrimonio modernista de la ciudad.

Pero València no se entiende únicamente mirando hacia su pasado. La ciudad también tiene una extraordinaria capacidad para reinventarse. El Jardín del Turia, creado sobre el antiguo cauce del río, atraviesa la ciudad como un enorme corredor verde en el que conviven zonas ajardinadas, caminos para pasear o recorrer en bicicleta, instalaciones deportivas y espacios culturales.

Y siguiendo el antiguo cauce llegamos a uno de los grandes iconos de la València contemporánea: la Ciutat de les Arts i les Ciències. El Hemisfèric, el Museu de les Ciències y el Oceanogràfic forman un espectacular conjunto arquitectónico que parece trasladarnos a otra ciudad completamente diferente. Es uno de los mejores ejemplos de cómo València ha sabido incorporar la arquitectura contemporánea a un patrimonio urbano que ya era extraordinariamente rico.

También merece la pena acercarse al Palau de la Generalitat, la Basílica de la Mare de Déu dels Desemparats, la Plaza de la Virgen o la Plaza Redonda, rincones que ayudan a descubrir la personalidad del centro histórico. Y, al otro lado de la ciudad, los antiguos poblados marítimos y barrios como El Cabanyal permiten conocer una València más marinera, marcada por las casas tradicionales, el Mediterráneo y la proximidad de la playa.

Pero si existe un lugar capaz de reunir naturaleza, paisaje y cultura valenciana en un mismo escenario, ese es el Parque Natural de l’Albufera. A poca distancia del centro, la laguna, los arrozales, las barracas y los caminos entre huertas ofrecen un cambio de ritmo absoluto. Contemplar una puesta de sol sobre la Albufera es una de esas experiencias que ayudan a comprender por qué este paisaje forma parte inseparable de la identidad de València.

Y todavía quedaría hablar de sus fiestas, sus museos, sus barrios, sus playas, sus jardines y de esa capacidad tan valenciana de llenar las calles de vida. Las Fallas, declaradas Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, son su expresión más internacional, pero la ciudad ofrece propuestas durante todo el año para quien quiera conocerla más allá de sus monumentos.

València es, en definitiva, una ciudad que no se agota en una primera visita. Se puede descubrir a través de la historia de la Ciutat Vella, de los jardines y del antiguo cauce del Turia, de la arquitectura modernista, de la vanguardia de la Ciutat de les Arts i les Ciències o del paisaje único de l’Albufera. Y quizá ahí esté uno de sus mayores encantos: siempre queda un rincón pendiente, una calle por la que volver a caminar o una nueva perspectiva desde la que contemplarla.

Dos destinos muy diferentes y una misma invitación: detenerse a conocerlos. Alginet representa esa Valencia de huerta, patrimonio y tradición que permanece muy cerca de la capital; València, una ciudad abierta al Mediterráneo capaz de reunir más de dos mil años de historia con una extraordinaria mirada hacia el futuro.


Destino RunCáncer es una sección impulsada por la Diputació de València